La Biblia no dice lo que los «evangélicos» dicen que dice

Si bien parece un traba palabras el título de este artículo, sin embargo denuncia un error rotundo del que es preciso apartarse, si no se quiere terminar perdiendo la Fe, o llamar Fe a cualquier cosa que sea tipo sentimentalismo cristiano.

Y el motivo principal para insistir en ello es, porque hay muchas personas de muy buena voluntad que, engañados por estas falacias y ante la parálisis católica en las Parroquias, terminan buscando a Dios en cualquier local que les den un poco de cristianismo,
música pegadiza y cariño.

Para ser ordenados en nuestra exposición, en este primer artículo vamos a plantear: en primer lugar lo que dicen de la Biblia en cuanto Depósito de la Fe, en segundo lugar en cuanto Regla de la Fe [1] .


Si bien en el título hablamos de los cultos denominados Evangélicos, debemos tener presente que son parte de los que surgen de la revuelta Luterana en 1517, quienes desde la Dieta de Espira, convocada por el Emperador Carlos V, protestan contra puntos de la Iglesia Católica y se los conoce en adelante con el término genérico de protestantes. Dado el principio de Libre Examen puesto por el mismo Lutero según el cual cada uno entiende la Biblia a su manera, este protestantismo inicial se ha ido subdividiendo en infinidad de confesiones con algunas características generales comunes, predominando en América las últimas décadas los denominados
evangélicos. Lo que planteamos y desarrollamos aquí vale para todos, pues en esto coinciden, letras más, letras menos.


La Biblia en cuanto a depósito de la fe

Los evangélicos sostienen que la Biblia contiene TODA la Revelación.

Los católicos en cambio creemos que “la Iglesia no saca exclusivamente de la Sagrada Escritura la certeza de todo lo revelado” (Dei Verbum, 9). Esta Escritura “es la Palabra de Dios en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo”. Pero “la Palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Espíritu Santo a los Apóstoles, la transmite íntegra a los sucesores, para que ellos, iluminados por el Espíritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicación” (Dei Verbum, 9). “La misma Tradición da a conocer a la Iglesia el canon íntegro de los Libros sagrados y hace que los comprenda cada vez mejor y los mantenga siempre activos” (Dei Verbum, 8).

La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la Palabra de Dios, confiado a la Iglesia. Fiel a dicho depósito, el pueblo cristiano entero, unido a sus Pastores, persevera siempre en la doctrina apostólica…” (Dei Verbum, 10). Por ello ambas, la Tradición y la Sagrada Escritura, deben estar rodeadas de la misma veneración y del mismo respeto religioso.

Esto lo vemos claramente, por ejemplo en el Evangelio según San Juan que dice: “Jesús hizo tambien muchas otras cosas; si se quisiera ponerlas por escrito, una por una creo que el mundo no bastaría para contener los libros que se podrían escribir” (Juan 21:25).

San Juan lo dice muy claramente, y de una manera medio exagerada podríamos decir, que lo que está en el Evangelio es tan sólo una parte de lo que dijo Jesús y de las cosas que Él hizo.

También vemos en la 2da carta del Apóstol San Juan cómo la predicación no se ciñe a lo que quedó escrito en los Evangelios: “Muchas cosas tendría que escribiros, mas no quiero hacerlo por medio de papel y tinta, porque espero ir a vosotros, y hablar cara a cara, para que nuestro gozo sea cumplido” (2 Juan 1:12)

Insiste en esta su segunda carta en lo que dijo al término del Evangelio en que lo que está en el Evangelio es tan sólo una parte de lo que enseñó Jesús.

Por lo tanto si nos debemos limitar a transmitir lo que está escrito, como dicen los «evangélicos», deberíamos mutilar el Mensaje del Evangelio a lo que está solamente escrito.

Claro que eso genera otro gran problema: los Evangelios fueron escritos entre el año 60 y el 100 (para hacer números redondos) ¿Qué predicaban los apóstoles y discípulos hasta que se escribieran?, y posteriormente en que una gran mayoría de personas no sabían leer ni escribir ¿qué predicaban si no podían leer un libro que tampoco tenían?

Es la gran dificultad en que se meten cuando quieren transformar la religión de Cristo en la religión del libro.

Por eso creemos que “La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la fracción del pan y en la oración (cf. Hechos 8:42), de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la
conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida.”

De esto tenemos muchos testimonios en la misma Biblia y veremos ahora algunos de estos:


“Así, pues, hermanos, estad firmes y guardad las enseñanzas que habéis recibido, ya de palabra, ya por carta nuestra”

San Pablo a los Tesalonicenses
(2 Tesalonicenses 2:15)

“Conserva las palabras saludables en la misma forma
que de mi las oíste con fe y amor en Cristo Jesús”

(2 Timoteo 1:13) .


“Lo que me oíste en presencia de muchos testigos,
eso mismo transmítelo a hombres fieles, los
cuales serán aptos para enseñarlo a otros”

(2 Timoteo 2:2)

“Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué y
que aceptasteis, y en el cual perseveráis, y por el cual os
salváis, si lo retenéis en los términos que os lo anuncié, a
menos que hayas creído en vano”

(1 Corintios 15:1-2).


En estos testimonios del Apóstol son clarísimas las referencias a la Tradición [2], o enseñanzas de los Apóstoles que se transmitieron de forma oral.

Por eso es tan actual lo que al respecto nos enseña San Vicente de Lerins, que parece estar conversando con los evangélicos aunque el vivió en el siglo V: “No ceso de admirarme ante tanta insensatez de algunos hombres que, no contentos con la regla de fe, entregada y recibida de una vez para siempre, se empeñan en añadir, cambiar o sustraer algo a la religión; como si no fuese una doctrina celestial a la que basta haber sido revelada de una vez para siempre, sino una institución terrena que no pueda ser perfeccionada más que con una continua enmienda o, más aún, rectificación”. (San Vicente de Lerins, Commonitorio).

Así va a decir taxativamente: “Habiendo interrogado con frecuencia y con el mayor cuidado y atención a numerosísimas personas, sobresalientes en santidad y en doctrina, sobre cómo poder distinguir por medio de una regla segura, general y normativa, la verdad de la fe católica de la falsedad perversa de la herejía, casi todas me han dado la misma respuesta: «Todo cristiano que quiera desenmascarar las intrigas de los herejes que brotan a nuestro alrededor, evitar sus trampas y mantenerse íntegro e incólume en una fe incontaminada, debe, con la ayuda de Dios, pertrechar su fe de dos maneras: con la autoridad de la ley divina ante todo, y con la tradición de la Iglesia Católica» Es pues, sumamente necesario, ante las múltiples y enrevesadas tortuosidades del error, que la
interpretación de los Profetas y de los Apóstoles se haga siguiendo la pauta del sentir católico. En la Iglesia Católica hay que poner el mayor cuidado para mantener lo que ha sido creído en todas partes, siempre y por todos. Esto es lo verdadera y propiamente católico, según la idea de universalidad que se encierra en la misma etimología de la palabra. Pero esto se conseguirá si nosotros seguimos la universalidad, la antigüedad, el consenso general. Seguiremos la universalidad, si confesamos como verdadera y única fe la que la Iglesia entera profesa en todo el mundo; la antigüedad, si no nos separamos de ninguna forma de los sentimientos que notoriamente proclamaron nuestros santos predecesores y padres; el consenso general, por último, si, en esta misma antigüedad, abrazamos las definiciones y las doctrinas de todos, o de casi todos, los Obispos y Maestros.” (San Vicente de Lerins, ibidem)


La regla de la Tradición es simple: QUOD SEMPER, QUOD UBIQUE, QUOD AB OMNIBUS, lo que ha sido predicado siempre, en todas partes y por todos.


Y ¿por qué los apóstoles empezaron a predicar y no a escribir libros? Porque Nuestro Señor Jesucristo les dijo explícitamente: “Todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Y mirad que Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación de los siglos” (Mateo 28:18-20).


La Biblia en cuanto a regla de fe

Los evangélicos sostienen que la Biblia es enteramente clara, al menos en lo necesario para la salvación, y todos la pueden entender bien. Dice que es Regla de Fe suficiente y única porque es la única regla infalible de verdad. Por eso, nadie tiene el derecho de interpretar la Biblia sino que cada uno la interpreta según su juicio privado y bajo la influencia del Espíritu Santo.

Les respondemos como católicos que la Biblia no es suficientemente clara, no es Regla de Fe suficiente, ni es la Regla única, porque la Tradición también es Regla de Fe y Cristo ha puesto el Magisterio de la Iglesia con plena autoridad docente.


“Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha; y quien
a vosotros rechaza, a Mi me rechaza; ahora bien,
quien me rechaza a Mi, rechaza a Aquel que me envió”

Lucas 10:16

La Iglesia Católica es Regla de Fe exclusiva en el sentido de que ella sola tiene autoridad para interpretarla sin error y así es regla única de Fe segura e infalible.

San Pedro refiriéndose al tema de la Parusía que comenta San Pablo dice:

“según os lo escribió igualmente nuestro amado hermano Pablo, conforme a la sabiduría que le ha sido concedida; como que él habla esto mismo en todas sus epístolas, en las cuales hay algunos pasajes difíciles de entender, que los ignorantes y superficiales deforman, como lo hacen, por lo demás, con las otras Escrituras, para su propia ruina”

2 Pedro 3:15-16


.
En los Hechos de los Apóstoles vemos el conocido pasaje de Felipe, donde muestra que es necesario aclarar algunos pasajes de la Biblia:

“Dijo entonces el Espíritu a Felipe: acércate y allégate a ese carruaje. Corrió, pues, Felipe hacia allá y oyendo la lectura del profeta Isaías, le preguntó: ¿Entiendes lo que estás leyendo? Respondió él: ¿Cómo podría si no hay quien me sirva de guía. Invitó, pues, a Felipe
a que subiese y se sentase a su lado”

Hechos 8:29-31



Dice San Pablo a Timoteo:

“Te escribo esto con la esperanza de que en breve iré a verte; y si tardare, para que sepas cómo debes portarte en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad”

1 Timoteo 3:14-15


En ningún lugar de la Biblia dijo Cristo “escribid la Biblia y el que no la leyere se condenará” sino que dijo:

“Id por el mundo entero, predicad el Evangelio a toda criatura. Quien creyere y fuere bautizado se salvará; mas el que no creyere, será condenado”

Marcos 16:15-16

porque

“quien a vosotros escucha, a Mí me escucha; y quien a vosotros rechaza, a Mí me rechaza” (Lucas 10:16) y más aún “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del tiempo”

Mateo 28, 20


Podemos cerrar estos dos primeros temas resumiendo:

La Biblia contiene la Revelación, la Palabra de Dios, pero no es la única forma de transmisión de la Revelación, pues ésta también se transmite por la Sagrada Tradición desde Cristo, los Apóstoles y hasta nosotros, custodiada por el Magisterio de la Iglesia.

La Biblia no es suficientemente clara, no es Regla de Fe Suficiente ni única, porque la Tradición también es Regla de Fe y Cristo ha puesto el Magisterio de la Iglesia con plena autoridad docente.


Fuente:
Alberto Mensi
apologeticum.org

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