Sobre la prohibición de hacer imágenes

En el debate sobre si la Biblia prohíbe o no las imágenes que usamos los católicos en el culto, tanto católicos como protestantes a menudo dirigen sus argumentos al sitio equivocado y así resultan del todo inútiles. Los católicos suelen decir que si los protestantes interpretan literalmente la prohibición de hacer imágenes entonces no deberían tener ni siquiera fotografías, pero los protestantes no rechazan las imágenes en general, solo aquellas destinadas al culto religioso. Por su parte los protestantes a menudo insisten en que los católicos adoramos a nuestras imágenes de culto y por tanto caemos en la idolatría, o al menos en la blasfemia. Pero eso tampoco es cierto, nosotros solo adoramos a Dios, a las imágenes les rendimos tributo de veneración, o sea, las honramos por su función sagrada, no por sí mismas, y a través de ellas honramos a Jesús o a los santos en ellas representados. Si ambas partes no entienden lo que realmente creen los otros, el debate será inútil. Aquí respetaremos las verdaderas creencias de ambas partes y teniéndolas en cuenta explicaremos la interpretación que hacemos de la prohibición bíblica de hacer imágenes que encontramos en los Diez Mandamientos de la Ley de Dios entregados a Moisés en el monte Sinaí.


LO QUE DICE EL PRIMER (O SEGUNDO) MANDAMIENTO

Tablas de la ley

Aunque parezca mentira, los cristianos no están de acuerdo en cuál es el primer mandamiento. En las Tablas de la Ley había 10 prohibiciones, 2 mandatos y 1 afirmación, así que a la hora de agruparlos en 10, hay divergencias, asunto que ya hemos tratado en profundidad en nuestro artículo ¿Ha cambiado la Iglesia Católica los Mandamientos?. Aquí citamos el primer mandamiento según la agrupación que hace la Iglesia Católica.

Yo soy el Señor, tu Dios, el que te libró de la esclavitud de Egipto.
No tendrás otros dioses aparte de mí.
No te harás escultura alguna o imagen de nada de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra.
No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto; porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso.

(Éxodo 20:1-5)

En total este mandamiento se compone de una afirmación y tres prohibiciones. Los judíos consideran que el verde es el mandamiento 1 y el rojo+azul el 2. Los luteranos creen que el primer mandamiento es el rojo, el verde sería una introducción a todos los mandamientos en general y lo azul una explicación del rojo, así que en realidad podemos decir que las tradiciones judía, católica y luterana coinciden en considerar que la parte roja azul forman un mismo bloque. Por el contrario, los demás protestantes suelen considerar que el rojo y el azul son dos mandamientos diferentes.

Los mandamientos en la Biblia no aparecen separados sino todo junto, así que la agrupación que unos y otros hacen es ya de entrada una interpretación, nadie puede afirmar que su forma de dividir los mandamientos es sin lugar a dudas la correcta. Tener la parte roja y azul juntas o separadas puede parecer irrelevante, pero no lo es, pues en las discusiones sobre las imágenes los católicos enfatizan la unidad de ambas cosas: “otros dioses” y “las imágenes” serían el desarrollo de un mismo concepto, así que estas imágenes se refieren a los ídolos, serían “imágenes de otros dioses”. Por otro lado los protestantes no luteranos enfatizan la prohibición de imágenes por sí misma, independiente de los “otros dioses” (por lo que en teoría se prohíbe toda imagen de animal, persona o cosa, sea o no un ídolo).

En muchas discusiones sobre las imágenes he visto cómo unos y otros acusaban al contrario de agrupar los mandamientos de forma incorrecta para apoyar sus falsas interpretaciones. Si queremos ser justos, todas las partes debemos admitir que no hay forma infalible de saber qué agrupación sería la correcta, sólo estamos seguros de que aunque vemos 11 o 12 mandatos, en realidad sólo son 10, porque lo dice la Biblia (Éxodo 34:28). Por tanto, si queremos entender mejor el punto de vista del otro tenemos que admitir en sus argumentos su propia agrupación, al igual que ellos tendrían que admitir que en nuestros argumentos usemos la nuestra.

En ese caso es muy sencillo para nosotros explicar que lo que este mandamiento prohíbe es adorar a otros dioses, incluyendo representaciones de ellos, o sea, ídolos. Ya vimos en un artículo anterior de esta serie, y explicaremos de nuevo, que las imágenes católicas no son ídolos, sino solo cuadros o esculturas que representan a alguien; por lo tanto los católicos no infringimos este mandamiento. Cuando un católico se arrodilla ante una imagen de Jesús, no está adorando ni venerando a la imagen, sino a Jesús, representado en ella. La imagen pues sería un medio para que Jesús se haga para nosotros algo más real y presente, pues vivimos ahora en un mundo físico, con un cuerpo físico, y lo que podemos ver y tocar lo sentimos como más real, de modo que la imagen hace la función de un facilitador para que nuestra alma conecte mejor con Jesús. El tema de las imágenes de santos lo dejamos ahora a un lado porque entonces nos meteríamos en el asunto de si es o no legítimo venerar a los santos, y eso es otro tema que no debemos mezclar ahora (y ya se trató en el artículo El culto a los santos en la Iglesia primitiva).

Pero voy a aplicar aquí lo que en la Lógica se llama el principio de caridad y utilizar la división protestante suponiendo que “No tendrás otros dioses” y “No harás escultura alguna” son dos prohibiciones diferentes. La redacción completa de la prohibición de hacer imágenes sería entonces, según ellos, esta:

No te harás escultura alguna o imagen de nada de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto; porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso.

En realidad tenemos dos prohibiciones, “no harás escultura” y “no les rendirás culto”, pero todos los cristianos estamos de acuerdo en que ambas cosas van en el mismo grupo, así que daremos por sentado que ambas cosas están relacionadas. Analizaremos ahora una prohibición y luego la otra.

— NO HARÁS ESCULTURA ALGUNA —

ídolo

Lo primero que un protestante debería evitar es suponer que los católicos desconocemos que existe este mandamiento, así que si existe y nosotros lo sabemos, y aún así hacemos imágenes, debe de haber una explicación.

Para empezar, no está de más recordar que si pretendemos interpretar estas palabras con absoluta literalidad (como algunos creen hacer), entonces nadie (ni católicos ni protestantes ni siquiera los judíos) estamos cumpliendo este mandamiento. Cumplir este mandamiento literalmente supondría que nadie puede tener fotografías de personas ni animales ni cosas, ni tampoco figuritas decorativas, ni siquiera una camiseta con el dibujo de una margarita estampado en la tela, pues la prohibición es a primera vista muy clara y exhaustiva. Solo los musulmanes estrictos cumplían este mandamiento literalmente, evitando incluso las imágenes decorativas, pero hasta los más fundamentalistas admiten hoy el uso de fotografías y vídeos, con lo cual también ellos hacen excepciones.

Ignoro el razonamiento que usarán los judíos modernos para justificar el uso de fotografías, pero los protestantes habitualmente justifican el uso de imágenes explicando que lo que realmente se prohíbe (ya estamos haciendo aquí una interpretación no literal) no son todas las imágenes, sino solo aquellas a las que se rinde culto, tal como señala la segunda prohibición de este grupo. O sea, según ellos este mandamiento estaría diciendo: no harás imágenes a las que dar culto.

Mejor que ningún católico les acuse de interpretar las cosas a su conveniencia porque nosotros hacemos el mismo razonamiento que ellos, pero como en nuestro grupo también incluimos la parte roja (No tendrás otros dioses aparte de mí), consideramos que las dos prohibiciones siguientes son extensiones de esta primera, o sea: no adorarás a otros dioses, no harás imágenes que les representen ni darás culto a esas imágenes de dioses.

Hasta aquí, ambos razonamientos son igual de válidos y acusar al otro de interpretar o agrupar las prohibiciones arbitrariamente es absurdo, pues ambas partes lo hacen igualmente. Pero ahora continuaré para explicar por qué los católicos estamos tan convencidos de que nuestra interpretación es la correcta y por tanto podemos hacer una imagen de Jesús o incluso de un santo y postrarnos ante ella.

ARGUMENTO FILOLÓGICO

No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

לא תעשה־לך פסל וכל־תמונה אשר בשמים ממעל ואשר בארץ מתחת ואשר במים מתחת לארץ׃

La palabra bíblica que se suele traducir en español por “imagen” o “escultura” es פסל (pesel). Esta palabra significa literalmente “imagen tallada” (escultura), pero en el Antiguo Testamento siempre se refiere a esculturas destinadas a la adoración, o sea, un ídolo.

Hay varias palabras en hebreo (y arameo) que se usan en la Biblia con el significado de “imagen”, pero con diferentes acepciones. El problema es que en las traducciones modernas muy a menudo se diluye o desaparecen las distinciones y se tiende a usar “imagen” para todas ellas. De ese modo una cita bíblica en español (o inglés o alemán) puede llegar a pervertir la idea original del texto. Estas son las palabras que el Antiguo Testamento utiliza para referirse a las imágenes:

Pesel – פסל – ídolo = imagen que sustituye a Dios o que en sí misma constituye un dios
ejemplo: el becerro de oro
Nº de veces usada: 30

Elil – אלל – ídolo = dioses falsos o sus imágenes
ejemplo: los ídolos de Egipto
Nº de veces usada: 19

Atsab – עֲצַבֵּים – ídolo
ejemplo: los ídolos de los paganos mencionados en salmo 135:15
Nº de veces usada: 18

Semel – סֵ֫מֶל – ídolo
ejemplo: el ídolo que Manasés colocó en el Templo
Nº de veces usada: 5

Tselem – צלמ – imagen representativa (estatua o pintura), semblanza, ídolo
ejemplo: Serpiente de Bronce, los ratones de oro que ofrecen a Dios (1Samuel 6:4), el hombre «a imagen y semejanza» de Dios.
Nº de veces usada: 17
7 veces como «semblanza» – 6 veces «imagen» que además es ídolo – 2 «pintura» – 2 «estatua»

Pittuah – חּוּתִּפ – imagen decorativa, bajorrelieve, grabado, escultura
ejemplo: los querubines del Arca, los bajorrelieves del Templo de Salomón.
Nº de veces usada: 10

Temunah – תְּמוּנָה – forma, semejanza, similitud, imitación
7 veces «forma» – 3 veces «semejanza, similitud, imitación»

En español la palabra genérica es “imagen”, una imagen puede ser una “semejanza”, un “ídolo” o una “representación”, y una representación puede ser pintura, escultura o relieve. Por eso todos los ídolos son imágenes pero no todas las imágenes son ídolos. En el siguiente esquema clasificamos las imágenes por tipo en español, y debajo ponemos el mismo diagrama pero rellenándolo en cada caso con la palabra o palabras que la Biblia utiliza para ese caso (“temunah” no encaja aquí porque no se refiere a objetos en sí sino al concepto de parecido).

La primera conclusión que sacamos es que cualquier imagen, sea del tipo que sea, puede ser llamada “tselem”, incluso los ídolos cuando se menciona a una imagen en un contexto idolátrico. De las tres palabras específicas que usa la Biblia para referirse a los ídolos, la más frecuente con diferencia es “pesel”. Una imagen puede ser simplemente “tselem”, y posteriormente utilizarse de forma idolátrica y convertirse en “pesel”, pero en todas y cada una de las ocasiones en las que la Biblia prohíbe o condena la fabricación o uso de ídolos siempre usa la palabra precisa “pesel”, no hay ni un solo caso en el que se condene o prohíba las imágenes usando las palabras “tselem”, o “pittuah”. Pero como las traducciones a lenguas modernas suelen usar “imagen” (o a veces “escultura”) en la mayoría de los casos para traducir cualquiera de estas cinco palabras (incluso en las traducciones católicas), al final se produce una gran confusión, y el caso más llamativo es el típico de

“No te harás imagen (pesel), ni ninguna semejanza (temunah) de cosa que…”

Esta traducción lleva a algunos a interpretar que las imágenes de personas, animales, plantas u objetos están siendo prohibidas por Dios. Pero como vimos, el texto original no condena las imágenes, condena los “pesel”, por lo tanto la traducción más precisa debería ser (como algunas biblias traen):

No te harás ídolos o forma alguna a semejanza de…”.

Aún así esa traducción parece sugerir que Dios condena la fabricación de ídolos, pero también toda “forma alguna…”. Sin embargo esa traducción o esa interpretación sabemos que no puede ser la correcta porque luego Dios ordena hacer un montón de “tselem” y de “pittuah” para el templo, así que está claro que solo los “pesel” (ídolos) quedaron prohibidos, y no las imágenes en general. Una posible traducción sería “No te harás ídolos con forma alguna a semejanza de…”, pues la palabra “wekal” que aquí vemos traducida por “ni”, otras veces por “o”, más frecuentemente significa “y todo”, que según el contexto podría a veces traducirse con la idea de “incluido” o “lleno de” (forma llena de semejanza a… = forma con semejanza a…). Esa traducción sería posible, y de hecho es la que encajaría mejor con el propio contexto bíblico.

Pero volviendo a “pesel”, hoy también hay muchas traducciones católicas o protestantes que utilizan aquí la palabra “ídolo”, y la Septuaginta (traducción al griego hecha varios siglos antes de Cristo, que era la traducción “oficial” más usada por los primeros cristianos) también traduce “pesel” por “ídolo”.

Hebreo: “לא תעשה־לך פסל” (lo taaseh leka pesel = no te harás ningún ídolo)
Griego de la Septuaginta: “ου ποιησεις σεαυτω ειδωλον” (ou poieseis seauto eidolón = no te harás ningún ídolo)

Por eso incluso eligiendo la agrupación protestante de los mandamientos podemos reafirmar la interpretación católica, pues ese mandamiento está prohibiendo hacer ídolos (pesel), pero no imágenes representativas (tselem / pittuach), y las imágenes católicas son muy diferentes de los ídolos. Veamos ahora lo que “ídolo” significaba para los israelitas de la época de Moisés:

ÍDOLOS DE LA ANTIGÜEDAD

Como puede ver en Wikipedia, el concepto que tenían los egipcios de sus imágenes de dioses era que el dios mismo se materializaba en ellas para poder relacionarse con los seres humanos:

Se decía que la mayoría de los dioses, en los tiempos posteriores a los mitos, se encontraban en el cielo o presentes de forma invisible en el mundo. Los templos eran su principal medio de contacto con la humanidad. Se creía que diariamente los dioses se trasladaban de su dimensión divina a sus templos, sus hogares en el reino humano. Ahí habitaban sus ídolos, las estatuas que representaban a las deidades y permitían a los humanos interactuar con ellos en los rituales del templo. Esta traslación entre dimensiones se describía en ocasiones como una travesía entre el cielo y la tierra. (ver artículo)

Los antiguos egipcios y los habitantes de Oriente Medio creían que parte de la divinidad moraba en las imágenes, por tanto al adorar la imagen estaban adorando al dios que las habitaba. Esas imágenes eran como cuerpos prestados que asumía el dios y las divinizaba como una extensión más de su ser.

IMÁGENES CRISTIANAS

La Iglesia Católica siempre ha dejado claro que las imágenes no tienen ningún valor religioso por sí mismas, sino solo como representación o símbolo de Jesús o el santo en ella representado. Ningún dios ni santo ni espíritu alguno habita la imagen.

El que venera una imagen, venera a través de ella la persona que en ella está representada” (II Concilio de Nicea).

Así que las imágenes católicas no entran en el concepto de ídolo, serían “tselem” pero no “pesel”, o sea, sí estarían permitidas, pues en el Antiguo Testamento Dios mismo ordena hacer “tselem“ en más de una ocasión. Pero veamos cuál es lo que la Iglesia dice sobre esto en su Catecismo oficial:

2132 El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, “el honor dado a una imagen se remonta al modelo original” (San Basilio Magno, Liber de Spiritu Sancto, 18, 45), “el que venera una imagen, venera al que en ella está representado” (Concilio de Nicea II: DS 601; cf Concilio de Trento: DS 1821-1825; Concilio Vaticano II: SC 125; LG 67). El honor tributado a las imágenes sagradas es una “veneración respetuosa”, no una adoración, que sólo corresponde a Dios:

«El culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las mira bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado. Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que ella es imagen» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 81, a.

 ARGUMENTO BÍBLICO

Recreación del interior del Templo de Salomón

Poco después de entregar a Moisés los Diez Mandamientos, Dios le ordena que realice esculturas para el Tabernáculo, entre otras cosas querubines de oro macizo, los cuales probablemente tendrían forma de toros alados, que es como por entonces se representaban los querubines. Dios condenó la estatua de oro macizo del becerro de oro, y poco después ordena hacer otra estatua de becerros alados, también de oro. En el primer caso era un ídolo (pesel), en el segundo caso no eran ídolos (pittuah). Está claro que solo los ídolos ofenden a Dios, no cualquier imagen. El mismo Templo de Salomón estaba profusamente decorado con querubines, palmeras, leones y toros, imágenes hechas expresamente por orden de Dios. Y en el libro primero de Samuel (capítulo 6), cuando los filisteos deciden devolver a los hebreos el Arca de la Alianza robada, los sacerdotes les exigen como compensación que hagan cinco estatuas de ratones de oro “para dar gloria al Dios de Israel”, y según la Biblia los filisteos así lo hicieron y los hebreos recogieron el Arca y las estatuas sin ninguna objeción. El libro de salmos también nos informa de que en el Templo había imágenes (pittuah= bajorrelieves, esculturas):

“El enemigo ha devastado todo en el santuario. […] Aparecieron como quien blande un hacha en un bosque espeso; con hachas y martillos destrozaron las estatuas (pittuah); prendieron fuego a tu santuario, profanaron la morada de tu nombre.”(Salmos 74:3-7)

En este artículo puede consultar un listado con muchos de los versículos en donde la Biblia habla de imágenes con todo el beneplácito divino, incluso algunas del Nuevo Testamento: http://es.catholic.net/op/articulos/26838/cat/12/prohibe-la-biblia-hacer-imagenes.html

Pero tampoco merece la pena enfatizar demasiado (como hacen muchos apologistas católicos) en este hecho de que la Biblia sí permite imágenes, pues la mayoría de los protestantes admiten que el primer mandamiento no prohíbe cualquier imagen, sino sólo las destinadas al culto, así que mejor vamos a ver qué dice la Biblia sobre este tipo de imágenes sagradas, que es realmente lo que nos interesa a nosotros.

LA SERPIENTE DE BRONCE

Poco después del Sinaí tenemos un ejemplo que se asemeja mucho a las imágenes católicas en más de un sentido: la Serpiente de Bronce (Números 21:7-9). Tras una plaga de serpientes venenosas, Dios se apiada de su Pueblo y ordena a Moisés hacer una escultura de una serpiente de bronce sobre un palo; todo el que la mire quedará curado. Aquí ya no tenemos una imagen decorativa, tenemos una imagen milagrosa que luego recibió culto en el sentido católico (veneración, honra) dentro del mismísimo Templo de Jerusalén durante más de cuatro siglos. Evidentemente no puede ser un ídolo (Dios no va a ordenar que hagan un ídolo con poderes), así que esa serpiente representa al mismo Dios o más en concreto, como el propio Jesús sugiere en Juan 3:14-15, representa (prefigura) a Jesús crucificado. Tampoco Jesús se compararía con esta estatua si la considerase un ídolo, así que la identificación automática que muchos protestantes hacen de “imagen sagrada = ídolo” no puede ser correcta.

Si la serpiente de bronce no es un ídolo es porque no es un dios, sino la representación de Dios (más en concreto, del Hijo), y si esa imagen puede hacer milagros no es por su propio poder ni porque Dios habite dentro de ella, sino porque Dios la utiliza para sanar, o sea, la imagen es un instrumento. Y eso es precisamente lo que las imágenes sagradas significan para un católico, un instrumento de gran utilidad para el culto porque nos hacen más presente la persona en ellas representada. Por eso incluso una imagen considerada milagrosa es compatible con las enseñanzas bíblicas, pues también imagen milagrosa y objeto de culto era la serpiente de bronce que Dios mandó hacer.

Y es la propia Biblia, en el libro de Sabiduría, la que nos explica esta gran diferencia entre el ídolo pagano y la imagen católica, pues hablando de la serpiente de bronce nos dice lo siguiente:

Incluso cuando se desencadenó sobre tu pueblo el furor terrible de animales feroces, y ellos perecían por la mordedura de serpientes huidizas, tu ira no duró hasta el extremo.  A manera de advertencia, fueron atribulados por poco tiempo, teniendo ya una prenda de salvación para que recordaran el mandamiento de tu Ley; en efecto, aquel que se volvía hacia ella era salvado, no por lo que contemplaba, sino por ti, el Salvador de todos. Así demostraste a nuestros enemigos que eres tú el que libra de todo mal. (Sabiduría 16:5-8)

Es justo eso, lo que el libro de Sabiduría explica, lo que para un católico significa una imagen de culto. “Una prenda de salvación” (porque nos ayuda a conectar mejor con la gracia divina), un recordatorio de lo divino; y el efecto, devoción o milagros que el fiel experimenta a través de esas imágenes no los obtiene “por lo que contempla”, es decir, por la imagen en sí, “sino por Dios” que a través de ellas se manifiesta y actúa, bien sea directamente o indirectamente a través de los santos. Y tal como para los israelitas Dios no habitaba en la serpiente, sino que la utilizaba como instrumento de su poder (tal como la vara de Moisés, por ejemplo), del mismo modo los católicos no creemos que Jesús o los santos habiten nuestras imágenes, sino que esas imágenes son instrumentos que nos permiten conectar con las realidades invisibles que representan, y así como nuestra alma se conecta con Dios por medio del pensamiento, nuestro cuerpo lo hace por medio de las representaciones físicas de las imágenes, a las que puede ver y tocar.

Sin embargo, cuando se toque el tema de la Serpiente de Bronce en el debate hay que ser conscientes igualmente de la segunda parte. La serpiente de bronce estuvo en el mismísimo Templo durante siglos, pero nos cuenta la Biblia que el pueblo cayó en la idolatría una vez más, y la serpiente pasó de ser una representación de Dios (tselem) a ser considerada un dios por sí misma (pesel), un ídolo, así que el rey Ezequías decidió destruirla (2 Reyes 18.1-4). La enseñanza de esto pues, es que una imagen puede tener una función religiosa siempre que no se la valore o reciba adoración por sí misma, y en eso los católicos también estamos de acuerdo.

EL ARCA DE LA ALIANZA

En la cultura de la época, en la zona entre Egipto y Mesopotamia, que era el mundo que conocían los hebreos, las imágenes se usaban en el culto religioso como ídolos, así que no es de extrañar que los hebreos equiparasen fácilmente imagen a ídolo y en general, no siempre, evitasen cualquier representación de personas, animales o cosas para conjurar el peligro de caer en la idolatría como todos los pueblos que les rodeaban. Si un israelita de aquella época viera a los católicos y sus imágenes seguro que harían el mismo juicio que suelen hacer los protestantes: que somos idólatras. Ellos no podrían entender el significado que las imágenes tienen para nosotros, serían incapaces de concebirlo. Un católico arrodillado y rezando ante un Cristo crucificado, encendiendo velas, pidiéndole favores, besando sus pies y conteniendo las lágrimas de emoción… visto desde fuera, todo parecería para ellos pura idolatría. Y sin embargo ellos tienen un caso externamente muy parecido: el Arca de la Alianza, lo más sagrado de su religión. Y ellos, que al parecer tanto repudiaban todas las imágenes, colocan dos querubines de oro encima de su objeto más sagrado para que sirvan de escabel para Sus pies.

Lo que ocurre es que como en su cultura ídolo e imagen muy frecuentemente van unidos, para evitar que una imagen se convierta en ídolo lo que hicieron fue fabricar un Arca (por orden de Dios) en lugar de una escultura que representara a Dios. Al ser el Arca (cofre) un objeto que en nada se parecía a ningún ser vivo, sería casi imposible que la gente lo convirtiera en un ídolo. Pero a efectos prácticos el Arca funcionó como una representación de Dios, igual que nuestras imágenes de Jesús.

Vamos a olvidarnos aquí del hecho de que el Arca tenía encima dos becerros de oro (los querubines, representantes de la presencia de Dios) para no mezclar cosas, y quedémonos con el Arca en sí misma, el cofre.

En la Biblia vemos cómo ante el Arca sacerdotes, reyes y el pueblo se postran en adoración, se arrodillan y queman incienso y la rocían con sangre o agua bendita. En algunas ocasiones sobre el Arca o desde el Arca se escucha la voz de Dios; incluso en una ocasión el Arca fulminó con un rayo a Uza, que la tocó a pesar de la prohibición al respecto. Aunque el Dios de Israel es invisible, el Arca hacía las veces de imagen visible de ese Dios, y recibía toda la adoración y respeto que el mismo Dios merecía, no por ser el Arca, sino por ser en cierto modo imagen de la presencia divina. Ante el Arca de la Alianza el israelita se comportaba como si ante el mismo Dios se encontrara. ¿Y qué contenía dentro el Arca? Pues nada más y nada menos que reliquias sagradas que eran veneradas (otra cosa que los protestantes rechazan del catolicismo): las Tablas de la Ley, la Vara de Aarón y una copa con maná (Hebreos 9:4).

El Arca no es un simple amuleto mágico, su sola presencia no garantiza el éxito, se necesita fe para sentir sus efectos. Dios concede grandes bendiciones a su pueblo a través de ella (seca el curso del Jordán, derrumba las murallas de Jericó, derrota a los filisteos, etc.), pero cuando el pueblo no está en sintonía con Dios o pierde fe, el Arca no sirve de nada. Por esta razón, los israelitas, acaudillados por Josué, sufrieron una derrota en Hai debido a su infidelidad, a pesar de que el Arca estaba en el campamento (Josué 7:1-6). De manera similar, aunque los israelitas estaban confiados porque el Arca se hallaba entre sus fuerzas de combate, los filisteos mataron a 30.000 soldados de Israel y hasta se apoderaron de ella temporalmente (1 Samuel 4:1-11).

Pues todo esto suena mucho al culto católico. Cuando un israelita se postraba ante el Arca en adoración, sería absurdo decir que estaba idolatrando por postrarse y adorar a una caja de oro con dos querubines. El israelita no adoraba la caja, adoraba a Dios, aunque un observador externo tuviera problemas para notar la diferencia. El Arca le hacía palpable la presencia de Dios, pero no era ella misma el objeto de su adoración ni sus rezos. Del mismo modo el católico que reza ante el Cristo o adora la cruz no dirige su adoración ni sus rezos a la talla ni al madero, sino al Dios vivo que esas cosas representan, a Jesús en este caso. Si el protestante sabe reconocer que el israelita puede adorar “ante el Arca” sin estar adorando “al Arca” ¿tan difícil es aplicar la misma distinción para los católicos? Caso aparte serían las imágenes de santos, pues ellas no motivan a la adoración divina sino a la veneración (honra) que el santo allí representado merece; pero los santos son vehículos de Dios, como en el anteriormente mencionado artículo explicamos, así que también el culto a los santos es un culto indirecto al poder de Dios mismo.

Sin embargo la analogía del Arca no nos vale al 100%, porque la imagen católica es solo un recordatorio o una vía de inspiración para sentirnos más cercanos a la persona allí representada, pero el Arca es aún más que eso, el mismo Dios bajaba a menudo sobre ella y la llenaba con su presencia. Si un católico creyese que Jesús a veces baja y llena con su presencia una imagen de su parroquia, todos pensaríamos que se ha vuelto idólatra o loco. Nosotros usamos las imágenes de forma parecida a como los israelitas usaban el Arca, pero hacemos una separación mucho más clara y radical entre la cosa en sí y lo que ella representa, y sin embargo ciertos protestantes entienden perfectamente al israelita y a nosotros nos acusan de idolatría. Eso quiere decir que la posibilidad de entender el fenómeno existe, lo que no hay es voluntad para aplicarla porque, como todo el mundo, prefieren la interpretación que mejor confirma sus creencias en lugar de tener que cuestionárselas, y eso es consustancial a la naturaleza humana, pero también está en nuestra naturaleza la inteligencia y la voluntad para, cuando se quiere, hacer el esfuerzo de analizar y poder comprender.

LOS TOROS DE JEROBOAM

Un caso claro de idolatría se encuentra en este otro pasaje:

Y después de haber reflexionado, el rey fabricó dos terneros de oro y dijo al pueblo: «¡Basta ya de subir a Jerusalén! Estos son tus dioses, Israel, los que te hicieron salir del país de Egipto». Jeroboam puso uno de los toros en la ciudad de Betel y el otro, en la ciudad de Dan. Y el pueblo pecó contra Dios, pues fue a la ciudad de Dan y adoró al toro. (1 Reyes 12:28-30)

Puesto que a Dios se le menciona a veces con el singular El (dios) y otras con el plural Elohim (dioses), este pasaje también lo podemos encontrar traducido al singular (Este es tu Dios, Israel, el que te hizo subir del país de Egipto). Por eso algunos consideran que Jeroboam no quiso crear otros dioses, sino representar al Dios único de Israel en cada uno de esos becerros. Pero para nuestro argumento, como a continuación veremos, esta diferencia tampoco influye demasiado.

Sea como sea, el caso es que vemos que la Biblia condena este culto (y luego castigará por ello a Jeroboam) pero el problema aquí no es simplemente que el rey haya hecho dos toros, sino que los presenta al pueblo como ídolos, como imágenes que contienen dentro a un dios, posiblemente Yahvé, que son el dios (“Este es tu dios, el que te hizo subir del país de Egipto”), es de nuevo el mismo caso que el becerro de oro del Sinaí, un dios al estilo egipcio o mesopotámico. Por eso la Biblia es muy explícita al decir “Y el pueblo pecó contra Dios… y adoró al toro”. No es que el pueblo adorara a Yahvé a través de la imagen del toro, sino que la Biblia lo dice con las palabras “y adoró al toro”, es la imagen la que recibe la adoración, no la que sirve de instrumento para que la gente adore a Dios a través de ella. Sin embargo cuando nos habla de la gente que se postra ante el Arca de la Alianza no nos dice nunca “y adoraron al Arca”, sino “adoraron a Dios”, porque el Arca era solo un instrumento mediante el cual Israel adoraba a Dios, al igual que hacemos nosotros con las imágenes.

Kirubes (querubines) asirios protectores
Dos kirubes (querubines) de Mesopotamia, toros alados protectores

Nótese el caso curioso de Jeroboam y por qué decide hacer dos toros y no otra cosa. Queriendo apropiarse de lo que significa el Arca, hace un remedo de los dos ángeles o querubines del Arca, que como hemos dicho muy probablemente tenían la forma de dos becerros (toros) alados y que representan la presencia divina. La diferencia pues no está en los dos toros, sino en el uso que se hace de ellos. En el Arca esos dos toros representan a Dios, a su presencia, lo simbolizan, mientras que Jeroboam presenta a sus dos toros como si fueran dioses y los expone como objeto de adoración por sí mismos, así que los toros del Arca serían imágenes (tselem), mientras que los de Jeroboam serían ídolos (pesel). Jeroboam no entendía qué era el Arca, sino que influenciado por la idolatría de sus vecinos terminó por considerar que su poder y valor residía en sí misma, y no en el Dios al que representaba.

Pero no falta quien dice que efectivamente Jeroboam no pretendió hacer “ídolos de dioses” en el sentido pagano, sino imágenes que representaban a Yahvé (no que lo encarnaban), y aún así Dios le castiga; pues del mismo modo un católico aunque haga una imagen de Jesús que no encarna a Jesús sino que sólo lo representa, también está ofendiendo a Dios. Pero este argumento queda invalidado por lo que vemos más tarde en la Biblia. Tras Salomón, Israel se divide en dos reinos, el reino del norte (Israel) y el del sur (Judá). Cuando Abías, rey del sur, se enfrenta en batalla con la gente de Jeroboam, rey de norte, les recrimina diciendo:

Dios reina en Israel por medio de los descendientes de David. Pero ahora vosotros creéis que podréis vencer a nuestro Dios. Confiáis en que sois muchísimos, y creéis que os ayudarán vuestros dioses, ¡esos toros de oro que Jeroboam os hizo!, creéis que podrán vencer a nuestro Dios. (2 Crónicas 13-8)

Como vemos aquí, Abías no considera que los toros sean meras representaciones de Yahvé, sino ídolos diferentes a Yahvé e incluso opuestos a Él. Los católicos tienen millones de imágenes de Jesús, pero nadie piensa que por ello haya millones de “Jesuses”, sino que todas representan al único Jesús que existe. Si los toros de Jeroboam fuesen de la misma naturaleza que las imágenes católicas, ambos serían simplemente dos representaciones diferentes del único Dios, Yahvé, el mismo Dios de Abías. Pero Abías no nos lo interpreta así, él contrapone al Dios, Yahvé, que “reina en Israel” (todo el Pueblo de Israel, o sea los nuevos reinos de Israel-norte y Judá-sur) contra los “dioses” (plural) de ese ejército, y además nos aclara quiénes son esos dioses: “esos toros de oro que Jeroboam os hizo”. Así que vemos claramente que los israelitas no consideran a esos toros como imágenes de culto que simbolizan o representan al único Dios, sino como ídolos que son por sí mismo dioses y diferentes de Dios, y por eso los condenan. Nada comparable a lo que una imagen de culto representa para un católico.

Y aun así, debemos tener claro que este ejemplo de los toros de Jeroboam, al contrario que el de la Serpiente, sirve para reforzar la interpretación católica (Dios condena las imágenes cuando son ídolos), pero no sirve de ejemplo para derribar la interpretación protestante (no excluye el que también pudiera condenar a las imágenes que no lo son). Pero puesto que los católicos encontramos casos que apoyan nuestra interpretación (como la Serpiente de Bronce y el Arca) y otros casos que no la contradicen (como los toros de Jeroboam), los protestantes deberían ofrecer también no solo casos que no contradicen su interpretación, sino también casos que apoyen la suya contradiciendo la nuestra, o sea, ejemplos bíblicos en los que Dios condene la creación o uso de una imagen que claramente no sea un ídolo, y no se puede recurrir al 1er/2º Mandamiento porque precisamente ese es el pasaje que estamos intentando explicar. Nosotros no hemos encontrado ningún caso claro en ese sentido, pero si alguien lo conoce le ruego nos lo comunique y lo tendremos muy en cuenta en nuestros argumentos. También tendrían que echar por tierra nuestros argumentos sobre la Serpiente de Bronce y el Arca, o al menos interpretarlo de modo que encajara bien con sus creencias y excluyera las nuestras.

ARGUMENTO HISTÓRICO

En la actualidad, si alguien señala una imagen de Jesús y nos dice “Este es Jesús, el que murió en la cruz para salvarte”, nadie (ni los católicos) pensaría que esa imagen es verdaderamente Jesús mismo que se ha “encarnado” en la madera; interpretaría esas palabras como dirigidas no a la imagen sino a lo que ella representa. Pero hay que tener en cuenta el contexto histórico de la época, donde la mayoría de los pueblos de la Antigüedad sí que creían que una estatua podía ser no una representación de un dios, sino el dios mismo encarnado en ella (“enrocado” deberíamos decir mejor si la estatua es de piedra), por eso cuando Jeroboam dice esas palabras refiriéndose al toro (“Éste es tu dios…”) deben interpretarse según el concepto de ídolo que existía por entonces y que era el habitual en todas partes. Israel fue en ese sentido la excepción, los contraculturales, por eso les resultaba tan fácil recaer en la idolatría, que era la norma general de todos los demás pueblos.

Becerro de oro

Los 10 Mandamientos son la esencia del pacto que Dios hizo con Moisés, o sea, el Antiguo Testamento (testamento = pacto, alianza), y lo hace en un momento en el que el Pueblo elegido acaba de abandonar Egipto, una nación politeísta llena de ídolos, y por tanto estaban en continuo peligro de ceder ante la influencia de la idolatría. De hecho mientras Moisés estaba con Dios en el Sinaí recibiendo los Mandamientos, su pueblo estaba abajo adorando al becerro de oro (eso Moisés aún no lo sabía pero Dios sí), y cuando se instalen en la Tierra Prometida seguirán rodeados de pueblos idólatras y también población no israelita que vivía con ellos, así que la idolatría siempre era una tentación, y las recaídas en ella fueron constantes.

Cuando nada más salir de Egipto Aarón fabrica el becerro de oro, también Dios los castiga, a pesar de que ellos afirmaban que el becerro era Yahvé, no un dios diferente, pero su concepto de “imagen de Yahvé” sería el concepto egipcio de imágenes de dioses, no solo una representación de la deidad sino un cuerpo físico que le servía a la deidad para relacionarse con los humanos en el culto, y además se considera a la imagen como ídolo porque Yahvé es invisible y por tanto irrepresentable (Deuteronomio 4:15-18). Es el mismo caso que Jeroboam cuando hizo los dos toros que representaban a Yahvé.

Por ese motivo el uso de imágenes, más aún relacionadas con el culto, es algo poco habitual en el Antiguo Testamento, pero como ya hemos visto sí se da, incluso por mandato divino. Será a la vuelta del Exilio de Babilonia (s. V a. C.), después de haber vivido en medio de un pueblo idólatra, cuando el pueblo judío adopte una posición bastante más radical en este punto para evitar el peligro de caer en la idolatría por enésima vez.

Un libro protestante explicaba que las esculturas que por mandato o inspiración divina estaban en el Templo (los toros del Mar de Bronce, los ángeles gigantes de la sala del Santísimo, los querubines del Arca, etc.) fueron permitidos por Dios (ordenados en realidad) porque estaban todos en la parte interior que no era accesible al público, solo a los sacerdotes. Pero en tal caso eso apoyaría nuestra creencia, pues mostraría que a Dios no le importa que en su Templo haya imágenes, lo que no quería es que la gente (siempre bajo influencia de los pueblos idólatras) pudiera por confusión terminar por considerarlas ídolos y adorarlas. Es ahí donde está el pecado, no en tener imágenes sino en adorarlas.

A medida que el cristianismo se vaya extendiendo por todo el Imperio Romano, el paganismo irá desapareciendo, y el peligro de confundir sistemáticamente ídolo con imagen también irá desapareciendo, por lo que la interpretación restrictiva del primer mandamiento se va igualmente relajando hasta que ya no se ven las imágenes como tentadoras de idolatría. Eso lo veremos más a fondo en el apartado de las imágenes en la Iglesia primitiva.

Pero ahora queda la segunda parte del mandamiento, la que dice:

No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto; porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso. (Éxodo 20:5)

La mayoría de los protestantes ven aquí un nuevo golpe al culto católico a las imágenes, pues además de hacer imágenes los católicos se postran ante ellas, así que incumplen el mandato divino doblemente.

Puesto que hemos visto que lo que este mandamiento prohíbe no son las imágenes en general, ni tampoco las imágenes de culto, sino en concreto los ídolos, esto no es un problema, pues lo que el mandamiento prohíbe es postrarse ante las imágenes de los ídolos. Pero como igualmente el tema de postrarse ante imágenes es una de las grandes polémicas, tendremos que tratarlo más detenidamente. Pero eso lo trataremos en la segunda parte de este artículo:

Y un último comentario. Este versículo (“no te postrarás ante ellas ni les rendirás culto”) lo vemos traducido de varias maneras en diferentes sitios, pero lo que dice literalmente el original es “no te inclinarás ante ellas ni las servirás” (לָהֶ֖ם֮ וְלֹ֣א תָעָבְדֵ֑ם֒ כִּ֣י אָֽנֹכִ֞י). Los paganos servían a sus ídolos, porque encarnaban a sus dioses, pero los cristianos católicos sólo servimos a Dios, no a las imágenes (ni a los santos). Así que la traducción de “ni les rendirás culto” genera una idea engañosa y crea una falsa polémica con el culto (veneración) que reciben las imágenes católicas. Así que cuando un protestante dice que Dios no sólo prohíbe hacer imágenes o ídolos sino también rendirles culto, podemos decir que ese “culto” al que se refiere la Biblia no tiene que ver con el culto a las imágenes católicas, sino con la adoración. La traducción más clara, pues, sería “No te postrarás ante ellas ni las adorarás”, lo que evita falsas interpretaciones, y de hecho esa es la traducción que encontramos en algunas biblias protestantes.

— NO TE POSTRARÁS —

En el artículo anterior ya vimos por qué la prohibición de hacer imágenes se refiere a las imágenes de ídolos en particular, y por qué incluso las imágenes de culto quedan fuera de la prohibición (pues los israelitas también las tenían). Pero si nuestra interpretación de la Biblia es compatible con el uso de imágenes, incluso las de culto, aún queda un detalle que aparentemente infringimos, se trata de la última prohibición:

No te postrarás ante ellas, ni las adorarás; porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso.

Nosotros diremos que puesto que estamos hablando de ídolos, lo que Dios prohíbe aquí es adorar o postrarse ante un ídolo, mas no ante otra imagen que no es ídolo. Pero como antes tomamos la decisión de usar la división protestante de los mandamientos, deberíamos poder demostrar que la Biblia sí permite postrarse ante personas y cosas distintas a Dios, aunque nunca ante un ídolo.

Cuando Moisés baja del Sinaí con las Tablas de la Ley y se encuentra a su pueblo idolatrando, las rompe y tiene que subir de nuevo a por una nueva copia. En esta segunda ocasión, antes de darle los mismos mandamientos otra vez, Dios hace una especie de preámbulo explicativo y nos dice entre otras cosas lo siguiente:

Porque no te has de inclinar ante ningún otro dios, pues Yahveh, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es. Por tanto, no harás alianza con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y ofrecerán sacrificios a sus dioses, y te invitarán, y comerás de sus sacrificios; o tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán fornicar también a tus hijos en pos de los dioses de ellas. No te harás dioses de fundición.” (Éxodo 34:14-17)

Este fragmento se refiere al mandamiento que prohíbe hacer imágenes, las partes subrayadas son una paráfrasis de la parte del Mandamiento que hemos coloreado en azul desde el principio y aunque vienen a decir otra vez lo mismo, resultan más precisas y explicativas. Aquí queda aún más claro que Dios no habla simplemente de imágenes sino en concreto de imágenes de dioses, es decir, de ídolos. En lugar de “escultura” dice “dioses de fundición”, y en vez de “no te postrarás ante ellas” dice “no te has de inclinar ante ningún otro dios”. El pasaje intermedio sobre la prostitución es una referencia a la idolatría (en la Biblia muy a menudo se habla de la idolatría como una prostitución del espíritu).

Pero el argumento de muchos protestantes suele ser así:

1- Postrarse (arrodillarse o inclinarse, tumbarse) es un acto de adoración.
2- Sólo a Dios se adora.
3- Por eso Dios prohíbe postrarse ante cualquier persona o imagen que no sea Dios mismo. Da igual qué cosa o persona pueda ser, solo ante Dios podemos postrarnos
Por lo tanto:
C- Cuando un católico se postra ante una imagen está cometiendo un acto de idolatría (adorando a una imagen) y desobedeciendo a Dios.Los católicos estamos de acuerdo con la premisa 2. Por supuesto no estamos de acuerdo con la premisa 1 y ya hemos visto que tampoco estamos de acuerdo con la premisa 3, pues creemos que Dios sólo prohíbe postrarse ante ídolos, no ante cualquier imagen y menos aún persona. Como resultado consideramos que la conclusión (C) de este razonamiento no es válida. Pero un protestante suele interpretar la prohibición divina de forma más restrictiva, así que para él este razonamiento sí sería válido. Sin embargo todo su razonamiento se basa en la idea expresada por la premisa 1, que postrarse y adorar son una misma cosa. Si podemos demostrar que la premisa 1 es bíblicamente falsa, incluso para un protestante todo el argumento se vendría abajo. Así que veamos si la Biblia realmente equipara postrarse con adorar o no.

¿POSTRACIÓN = ADORACIÓN = IDOLATRÍA?

Incluso cuando un protestante entiende y admite la diferencia entre ídolo e imagen sagrada, suelen mantener la idea de que cuando un católico se postra ante una imagen está realizando un acto de adoración y por tanto el católico está cometiendo idolatría con su actitud. Esta idea la apoyan en varias citas, además de lo ya visto en su modo de interpretar el mandamiento sobre las imágenes.

MATEO 4:10

En las tentaciones de Jesús, Satanás le dice “Te daré todo esto si te postras para adorarme”.

Pero esto no prueba que “postrarse” y “adorar” son una misma cosa, más bien al contrario, especifica cuál debe ser la intención de la postración. Si yo digo que Judas “besó a Jesús para traicionarle” no estoy diciendo que besar signifique traicionar.

HECHOS 10:25-26

Cuando Pedro entró, Cornelio fue a su encuentro y se postró a sus pies. Pero Pedro lo hizo levantar, diciéndole: «Levántate, porque yo no soy más que un hombre».

APOCALIPSIS 22:9

Cuando Juan se postra ante el ángel y éste le dice:

«No, cuidado; yo soy un siervo como tú y tus hermanos los profetas y los que guardan las palabras de este libro. A Dios tienes que adorar.»

Pero en ambos casos, tanto Pedro como el ángel no se sienten ofendidos por la postración en sí, sino porque la interpretan como un acto de adoración, por eso Pedro le dice a Cornelio que se equivoca, “porque yo no soy más que un hombre”, y el ángel le dice a Juan igualmente “yo soy un siervo como tú” y lo aclara aún más diciendo “a Dios tienes que adorar”. O sea, lo que aquí se censura no es una muestra de respeto, sino un acto de adoración. Es fácil pensar que por supuesto que Pedro sabía que Cornelio no le estaba adorando como a un dios, pero eso no es tan evidente en esa época. Pedro hacía milagros y para un pagano eso podía ser una señal de que en realidad era uno de los dioses, que cuando querían, vagaban por la tierra en forma humana, por eso Pedro le aclara que no, que él es solo un humano. El mismo problema tuvo Pablo en Listra cuando curó a un cojo:

La gente, al ver lo que Pablo había hecho, empezó a gritar en licaonio: «Los dioses han bajado hasta nosotros en figura de hombres.» A Bernabé le llamaban Zeus y a Pablo, Hermes, porque era quien dirigía la palabra. El sacerdote del templo de Zeus que hay a la entrada de la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas y a una con la gente se disponía a sacrificar. Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus vestidos y se lanzaron en medio de la gente gritando: «Amigos, ¿por qué hacéis esto? Nosotros somos también hombres, […] Con estas palabras pudieron impedir a duras penas que la gente les ofreciera un sacrificio.

Hechos 14, 11-18

Esta cita muestra un caso idéntico a la del Apocalipsis 22:9, cuando Juan se postra ante el ángel y éste le dice lo mismo. Pero hay más. Los protestantes muy a menudo citan el caso de Juan postrándose ante el ángel como el mejor ejemplo de que la Biblia sólo permite postrarse ante Dios. Sin embargo la misma Biblia muestra otros casos en los que los hombres se postran ante ángeles y no ve en ello ningún reproche, por ejemplo:

JOSUÉ 5:13-15

Mientras Josué estaba cerca de Jericó, alzó los ojos y vio a un hombre que estaba de pie frente a él, con la espada desenvainada en su mano. Josué avanzó hacia él y le preguntó: «¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?». El respondió: «No, yo soy el jefe del ejército del Señor y ahora he venido». Josué cayó con el rostro en tierra, se postró y exclamó: «Señor, ¿qué tienes que decir a tu servidor?». El jefe del ejército del Señor le respondió: «Quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar donde estás parado es santo». Y Josué así lo hizo.

Al contrario de lo que ocurre en el Apocalipsis, aquí Josué también se postra ante el ángel pero el ángel (que se identifica como “jefe del ejército del Señor”, presumiblemente San Miguel) no se lo reprocha en absoluto sino que le exige más respeto aún, así que de nuevo tenemos que lo que la Biblia condena no es la postración en sí, sino la intención de adoración que pueda haber en ella. Cierto que Josué llama al ángel “Señor”, pero eso es porque los ángeles son mensajeros de Dios, así que actúan como intermediarios, la pregunta de Josué se dirige a Dios por medio del ángel (que es el que trae la respuesta), pero antes y después de esa pregunta el ángel mismo y luego el narrador identifican al ángel como “el jefe del ejército del Señor”, no como al Señor mismo. Por tanto, viendo distintos pasajes bíblicos vemos que si alguien se postra en señal de respeto (= veneración) es aceptado; si se sospecha que pueda ser en señal de adoración, es reprochado.

No podemos tomar citas sueltas y darles un significado independiente, hay que tomar toda la Biblia como una unidad y ver si esa interpretación que ellos dan (postrarse = adorar) es consistente en todos los casos o no. Es como si acaban de pintar los bancos del parque y te dicen “no puedes sentarte en los bancos”. No podemos sacar la conclusión de que esos bancos son intocables, habrá que ver en qué contexto te han dicho eso y si vemos otros contextos en los que la gente sí se sienta y se lo permiten sin problema. En este caso lo que ofende a Dios no es la imagen, tampoco es el arrodillarse, lo que ofende a Dios es adorar algo que no sea Él mismo.

En la parte primera de este artículo demostramos también que la propia Biblia acepta sin problemas el uso de imágenes siempre que no se las adore, ahora veremos que también acepta sin problemas el postrarse (arrodillarse o tumbarse en señal de respeto) delante de algo o alguien distinto a Dios siempre que no sea para adorarlo. Veamos algunos ejemplos más:

Después de esto, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: «¡Mi señor, el rey!». Saúl miró hacia atrás. David, inclinándose con el rostro en tierra, se postró.

Es evidente que David no pretendía con ello adorar a Saúl, sino mostrar reverencia, por eso la Biblia no lo censura. Del mismo modo vemos a Josué y los ancianos postrándose ante el Arca:

Josué desgarró sus vestiduras y se postró hasta la tarde delante del Arca del Señor, con el rostro en tierra. Los ancianos de Israel hicieron lo mismo, y todos esparcieron polvo sobre sus cabezas.

Para aumentar el impacto de la escena según la óptica protestante recordemos que el Arca tenía encima dos esculturas de querubines, con lo que la visión externa es de Josué arrodillado delante de una caja dorada con dos ángeles/toros encima, es decir, Josué se postró delante de dos estatuas.

Ante esta cita lo normal es que el protestante diga que era legítimo porque Josué en realidad no se está arrodillando ante el Arca en sí, sino ante Dios. Pero lo mismo le ocurre al católico, cuando se postra ante el sagrario es ante Dios mismo que se arrodilla (el sagrario es para nosotros básicamente como el Arca de la Alianza), y cuando se postra ante un crucifijo lo hace no ante la estatua sino ante el Jesús (Dios) a quien la estatua representa, y si se postra ante la imagen de un santo lo hace del mismo modo que lo hizo David ante Saúl, como muestra de reverencia, no de adoración, y si un católico considera que una imagen de la Virgen, por ejemplo, es decorativa y no devocional, nunca se postrará ante ella porque la imagen en sí es solo piedra, yeso o madera; solo si la dota de función evocadora pasará a mostrar respeto ante ella. Si a los personajes bíblicos les es lícito postrarse ante otras personas (y también ante cosas y lugares) en señal de respeto ¿cómo no va a ser lícito postrarse ante las representaciones sagradas para mostrar igualmente reverencia?

DANIEL 8:16-17

Y oí una voz de hombre en medio del río Ulai, que gritaba, diciendo: «Gabriel, explícale la aparición a este hombre». El llegó hasta donde yo estaba, y cuando llegó, sentí un gran temor y caí sobre mi rostro. El me dijo: «Entiende, hijo de hombre, que la visión se refiere al tiempo del Fin».

Si alguien dice que aquí Daniel no se está postrando ante el arcángel, sino que simplemente se cae de bruces por miedo, entonces es porque no está demasiado familiarizado con el lenguaje bíblico. En otros muchos pasajes encontramos la misma expresión usada como señal de adoración ante Dios o de respeto ante un hombre. De hecho en la cita que vimos anteriormente de Josué 5:13-15, cuando Josué ve al ángel la Biblia dice literalmente «Y cayó Josué en tierra sobre su rostro y le adoró«, aunque es más frecuente encontrar traducciones, como Reina Valera, que dicen «Entonces Josué postrándose sobre su rostro en tierra le adoró«. También en Génesis 17:3 se nos dice literalmente en hebreo «Y cayó Abram sobre su cara y habló con Dios…», que encontramos traducido de formas más naturales como «Abram cayó con el rostro en tierra…» (Biblia de la web del Vaticano), o «Abram se postró sobre su rostro…» (La Biblia de las Américas, protestante).

Por tanto cuando se nos dice que Daniel cayó sobre su rostro ante el arcángel Gabriel lo que la Biblia nos dice es que se postró ante él (y suponemos que algunas biblias lo traducirán así), y ni el ángel ni el narrador critican esto en absoluto, de modo que la diferencia está no en el hecho de postrarse, sino en la intención al hacerlo. Daniel no pretende adorar al ángel sino mostrarle reverencial respeto y santo temor.

TOBÍAS 12:15-17

Yo soy Rafael, uno de lo siete ángeles que están delante de la gloria del Señor y tienen acceso a su presencia». Los dos quedaron desconcertados y cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Pero él les dijo: «No teman, la paz esté con ustedes. Bendigan a Dios eternamente.

Aquí se repite el mismo caso que en Daniel. Tobías y Tobit se postran ante el arcángel Rafael sin que éste les reproche el gesto.

1 CRÓNICAS 29:20

Después David dijo a toda la asamblea: «¡Bendigan al Señor, su Dios!». Y toda la asamblea bendijo al Señor, el Dios de sus padres, y se postró delante del Señor y del rey.

Nada menos que metiendo en el mismo saco a Dios y al rey, eso sí que suena fuerte… a menos que tengamos clara la doble naturaleza del arrodillamiento: con un solo gesto la asamblea está haciendo dos cosas diferentes. Para efectos de Dios la asamblea le está adorando, para efectos del rey la asamblea está solo mostrando sus respetos, pero en ambos casos está haciendo exactamente lo mismo y además en una sola acción; no se trata de un cambio en la acción, sino una doble intención. Solo con esta cita es suficiente para demostrar que cuando un católico se postra ante una imagen no está automáticamente idolatrando y rompiendo el primer mandamiento, pues la idolatría proviene de la actitud, no de la forma.

2 REYES 4:27

Cuando la sunamita perdió a su hijo, fue en busca de Eliseo para que le devolviera la vida:

Y al llegar junto al hombre de Dios, en la montaña, se abrazó a sus pies. Guejazí se acercó para apartarla, pero el hombre de Dios dijo: «Déjala, porque está muy apenada, y el Señor me lo tuvo oculto, no me manifestó nada».

La mujer se postró y Eliseo no se lo reprendió, es más, cuando Guejazí intentó apartarla, Eliseo no se lo permitió. Es evidente que Eliseo no se consideraba un dios, pero conocía a la mujer, y sabía que ella no le estaba confundiendo con un dios; su postración no era adoración, por eso resultaba aceptable.

Y por no cansar, veamos un último ejemplo cuando Jesús resucitó:

LUCAS 24:4-5

No sabían qué pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes que, al ver cómo las mujeres se postraban rostro en tierra llenas de miedo, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

En el mismísimo momento culmen del cristianismo, cuando se descubre que Jesús ha resucitado, las mujeres se postran ante los ángeles y éstos no ponen ninguna objeción, muy al contrario que la escena de Juan en el Apocalipsis. ¿Acaso postrarse ante un ángel es idolatría o no según el capricho de Dios en cada momento? Evidentemente no, tras ver este y otros ejemplos lo que vemos es que Dios condena la postración cuando conlleva una intención de adorar, de lo contrario no hay problema.

Al parecer Juan en el Apocalipsis se postró ante el ángel con intención de adorarlo, probablemente porque le confundió con una manifestación de Dios, y éste le corrige; las mujeres del sepulcro se postraron ante los ángeles movidas por su temor y su reverencia ante seres sobrenaturales, pero en su corazón no había intención de adoración, por eso los ángeles no se lo reprochan. Dios lee en los corazones, no en los gestos externos, y esto es algo fundamental para entender lo que ofende o complace a Dios.

POSTRARSE ANTE PERSONAS

En ningún sitio se ve con mayor claridad que el postrarse (arrodillarse, inclinarse o tumbarse al suelo) puede ser una señal de respeto y no necesariamente un signo de adoración que cuando vemos en la Biblia postrarse ante una persona. Además, ya vimos que hay algunos protestantes que consideran que sólo puede uno postrarse ante Dios, así que tan blasfemo o idólatra les parece postrarse ante una imagen como ante una persona. Esa creencia no es en absoluto bíblica. Hay una gran cantidad de ejemplos, además de los ya vistos, pero veamos sólo unos pocos más:

Jacob se inclina ante Esaú

Él (Jacob) mismo… se inclinó siete veces hasta el suelo antes de alcanzar a su hermano. (Génesis 33:3)

Se acercaron las siervas de Jacob con sus hijos e hicieron profunda reverencia (ante Esaú). (Génesis 33:6)

José… se postró delante de su padre hasta tocar el suelo con la cara. (Génesis 48:12)

Moisés salió al encuentro de su suegro, le hizo una profunda reverencia y lo besó. (Éxodo 18:7)

(Ornán) salió de la era para postrarse ante él (David), rostro en tierra. (1 Crónicas 21:21)

Entró, pues, Betsabé al cuarto del rey (David)… Se arrodilló delante de él, inclinándose hasta el suelo. (1 Reyes 1:16)

(el profeta Natán) se presentó ante él (David), inclinándose profundamente. (1 Reyes 1:23)

Se levantó el rey (Salomón) para recibirla y se postró ante ella (su madre Betsabé). (1 Reyes 2:19)

Lo reconoció Abdías y, cayendo con el rostro en el suelo (ante Elías)… (1 Reyes 18:7)

Del otro lado lo vieron los hermanos profetas de Jericó. Le salieron al encuentro, se arrodillaron ante él (Eliseo). (2 Reyes 2:15)

Saúl se volvió para mirar y vio que David estaba inclinado hasta tocar el polvo con su cara. (1 Samuel 24:9)

Arrodillándose delante del rey (David), Ajimás le dijo: ‘Oh rey, bendigamos a Yavé, tu Dios’. (2 Samuel 18:28)

Y por último otro pasaje muy significativo que encontramos en Hechos 16:29-31:

El carcelero pidió unas antorchas, entró precipitadamente en la celda y, temblando, se echó a los pies de Pablo y de Silas. Luego los hizo salir y les preguntó: «Señores, ¿qué debo hacer para alcanzar la salvación?». Ellos le respondieron: «Cree en el Señor Jesús y te salvarás, tú y toda tu familia».

Ya vimos anteriormente que cuando la gente de Listra se postró ante Pablo, éste se escandalizó… porque le adoraban confundiéndole con un dios (con Hermes más concretamente). Pero en este otro episodio el carcelero también se postra ante Pablo por respeto. Tiembla por la impresión del terremoto que les liberó de la celda, lo que le hace pensar que son hombres de Dios, pero Pablo esta vez interpreta esa postración como expresión de respeto y no le reprime, hasta el punto de que cuando el carcelero le pregunta qué debe hacer para salvarse no le responde «para empezar, no te postres ante mí porque eso es blasfemia».

CONCLUSIÓN

El primer mandamiento prohíbe hacer imágenes para postrarse ante ellas. En la primera parte de este artículo vimos que no se prohíbe hacer cualquier tipo de imágenes, ahora en esta segunda parte hemos visto que no se prohíbe cualquier tipo de postración. Una vez más insistimos en que lo que este mandamiento prohíbe no son ni las imágenes ni las postraciones ante imágenes, sino la idolatría, y eso depende de lo que hay en nuestro corazón, no de nada externo. Dios no juzga al hombre por las formas externas sino por lo que hay en nuestro corazón. Y terminaremos con dos citas para reflexionar, que vendrán bien a todo el mundo, y que vienen aquí muy a cuento:

No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: […] porque con la misma medida que midáis se os medirá.

Lucas 6:37-38

Y el Señor respondió a Samuel: No mires su apariencia, ni a lo grande de su estatura, pues yo lo he rechazado; porque yo no miro lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero yo miro el corazón.

1 Samuel 16:7

Visita la fuente original en la página:
Apologia21.com
Sobre la prohibición de hacer imágenes | Apología 2.1 (apologia21.com)

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