El Sacramento de la confesión en la Iglesia Primitiva y la Biblia

Introducción:

Ya hemos visto el sacramento de la reconciliación en la escritura, y ya la mayoría de nosotros conocemos las bases bíblicas de la confesión, pero no hemos visto cómo ha ido desarrollándose en la Iglesia desde sus inicios más primitivos, en este estudio se va a observar las objeciones protestantes así como también la postura oficial de la Iglesia.

Desarrollo:

El protestante de “a pie” rechaza a ultranza y no admite que una persona, en este caso el sacerdote, sea herramienta para que Dios perdone nuestros pecados y que debemos pedirle perdón de manera directa y privada a Él.

Yo aún oigo decir a protestantes cosas cómo “Cuando acepté a Cristo se me perdonó todos mis pecados”, también es muy común escuchar: “Yo oro directamente, pido perdón y Dios me perdona”, pero en esto existe un problema, y es que estoque afirman no está en la escritura tal y cómo ellos podrían creerlo, ellos afirman lo mismo sobre la doctrina católica, y para muestra un botón: observen lo que dice el Manual Práctico para la obra del Evangelismo Personal Iglesia de Dios (Israelita) donde se afirma:

 “No hallamos en las Santas Escrituras ni una sola línea en que se ordene al cristianismo confesar sus pecados ante un hombre”.

Obviando pasajes tan claros como Juan 20:21-23 donde Cristo da esa potestad a sus Apóstoles, o Levíticos 5:5 donde la persona se presentaba ante el sacerdote Levita que ofrecía a su vez un sacrificio de expiación ante Dios, y sus pecados quedaban perdonados; como se ve, nunca fue directamente a Dios como los hermanos separados tratan de enseñar a muchos.

Ellos confunden el medio que, en este caso es el sacerdote católico, a través de quién es Dios que concede el perdón de los pecados, diciendo cosas como “ningún hombre puede perdonar pecados, solamente Dios”, hasta cierto punto es cierto, cualquier hombre no perdona pecados, si le preguntan a un pastor protestante si él puede perdonar pecados en nombre de nuestro Señor Jesús evidentemente no podrá, solamente un sacerdote debidamente ordenado puede hacerlo, cuando un obispo le ha impuesto las manos.

Dentro de la larga lista de distorsionamiento referente al sacramento de la confesión muchos dicen que es un invento de la edad media, e incluso del segundo milenio, y además establecen como año de institución oficial en 1215 y que más tarde en 1557 el concilio de Trento declaró varios “anatemas” sobre aquellos que negaban la potestad de la Iglesia para perdonar pecados en nombre de Cristo.

Hay que aclarar que las definiciones dogmáticas de los concilios no pueden interpretarse como que de alguna manera se está introduciendo una nueva doctrina, sino que estas están siendo confirmadas debido a que alguna herejía puede estarla cuestionando, por lo que necesita ser definida claramente para el bien de los fieles.

Este gran tesoro espiritual dejado por Cristo a su iglesia ha existido desde el mismo momento en el cual Cristo instituyó la Iglesia y se va a aportar datos históricos sobre la confesión de los pecados ante el sacerdote. Es evidente que esto existe desde tiempos apostólicos, así lo afirma la Didajé (Año 40 – 70 d.C), el primer catecismo y uno de los escritos más antiguos y anterior a los Evangelios Canónicos. Este escrito es un excelente testimonio de la doctrina y pensamientos de la Iglesia en una edad muy temprana.

La Didajé o la enseñanza de los apóstoles es particularmente insistente en requerir la confesión de los pecados antes de recibir la Eucaristía:

 En la reunión de los fieles confesarás tus pecados y no te acercarás a la oración con conciencia mala.

Tal como se puede apreciar, menciona que hay una confesión de pecados, como se mencionaba que las personas confesaban sus pecados ante Juan el bautista antes de recibir su bautismo de conversión.

Orígenes 185-254 d.C fue un padre de la Iglesia y gran teólogo que vivió en Alejandría (Egipto) hasta el 231 d.C considerado como un gran maestro de la doctrina cristiana y gran erudito siendo muy influyente en su tiempo, él mismo nos enseña cómo recibir el perdón de los pecados después de nuestro bautismo, y nos señala la confesión como medio de reconciliación con Dios a través de la penitencia y así lo explicaba:

 Además de esas tres razones hay también una séptima, aunque dura y laboriosa: la remisión de pecados por medio de la penitencia, cuando el pecador lava su almohada con lágrimas, cuando sus lágrimas son su sustento día y noche, cuando no se retiene de declarar su pecado al sacerdote del Señor ni de buscar la medicina, a la manera del que dice: “Ante el Señor me acusaré a mí mismo de mis iniquidades, y tú perdonarás la deslealtad de mi corazón”. – Homilías sobre los Salmos 2,4

San Cipriano 200-258 d.C fue elegido Obispo de Cartago, gran defensor de la Iglesia ya que combatió la herejía de Novaciano, y escribió grandes enseñanzas para la Iglesia, él menciona:

 Os exhorto, hermanos carísimos a que cada uno confiese su pecado, mientras el que ha pecado vive todavía en este mundo, osea, mientras su confesión puede ser aceptada, mientras la satisfacción y el perdón otorgado por los sacerdotes son aún agradables a Dios.

San Ambrosio de Milán 340-396 d.C creció y vivió en Roma, aunque nació en Tréveris, es considerado como uno de los cuatro grandes doctores de la Iglesia latina, murió en Milán en 396 d.C. Compuso su obra más conocida “De Paenitentia” entre 384 y 394 d.C que es un tratado no homilético en dos tomos, en los cuáles el santo refuta algunas herejías:

 Profesan mostrando reverencia al Señor reservando solo a Él el poder de perdonar pecados, mayor error no puede ser que el que cometen en buscar al rescindir de sus órdenes echando abajo el oficio que Él confirió. La Iglesia lo obedece en ambos aspectos, al ligar el pecado y al soltarlo; porque el Señor quiso que ambos poderes deban ser iguales. – De Poenitentia I, ii, 6.

 Enseña que este poder es una función del sacerdocio y que este puede perdonar todos los pecados: “Pareciera imposible que los pecados deban ser perdonados a través de la penitencia; Cristo otorgó este poder a los apóstoles y de los Apóstoles ha sido transmitido al oficio de los sacerdotes”. – Op. cit, II, ii, 12.

San Agustín de Hipona 354 – 430 d.C uno de los padres de la Iglesia que más ha influenciado en el pensamiento eclesiástico, llegó a ser obispo de Hipona, ha sido uno de los mayores teólogos de la Iglesia Católica de todos los tiempos y uno de los primeros doctores de la Iglesia, autor de grandes obras literarias que perduran hasta nuestros días y combatió la herejía de los maniqueos, donatistas, pelagianos, arrianos y paganos.

San Agustín fue bastante duro contra aquellos que negaban que la Iglesia hubiera recibido el poder de perdonar pecados de parte de Cristo:

 No escuchemos a aquellos que niegan que la Iglesia de Dios tiene poder para perdonar todos los pecados. – De agonia Christi, III.

San Pacian obispo de Barcelona que murió allá por el 390 d.C y que es bastante claro respecto a la doctrina Católica:

 Este que tú dices, solo Dios lo puede hacer. Bastante cierto, pero cuando lo hace a través de sus sacerdotes es Su hacer de su propio poder.

Conclusión:

Queda bastante claro por el testimonio histórico y del cristianismo primitivo que la Iglesia recibió el poder de perdonar pecados de manos de nuestro Señor Jesús, y que algunas personas que niegan esta verdad están, al igual que los mismos fariseos en tiempo de Jesús, en la situación que no creían que Cristo tenía el poder de perdonar los pecados (Cf. Marcos 2:7).

Cristo así lo quiso, que fuéramos perdonados de los pecados que cometiéramos después del bautismo y que ese perdón fuera administrado por sus sacerdotes mediante el sacramento de la reconciliación. Nuestra alma tiene un terrible enemigo que lo único que quiere es que estemos atados y seamos esclavos del pecado y sus consecuencias. Este enemigo tratará de avergonzarnos para no irnos a confesarnos con el sacerdote, y animará a pecar y quitará la vergüenza para pecar libremente; por eso confiemos en Cristo y en su Iglesia que es “la base y fundamento de la verdad” 1 Timoteo 3:15, y acudamos a recibir el perdón y la misericordia de parte del Señor.

Dios te bendiga y te guarde.


Por. José Manuel Gutiérrez Arcos
cuculmecaapologetica.blogspot.com

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